Una de las reflexiones que este verano nos deja es la percepción de que la actividad al aire libre se ve fuertemente alterada por los golpes de calor. Esta situación afecta asimismo a los espacios naturales que se ven fuertemente tensionados por sequías, incendios, olas de calor y como consecuencia deterioro de la capacidad del medio de acoger ecosistemas, pérdida de biodiversidad e introducción de especies invasoras.
Esto nos lleva a hacernos una pregunta, ¿cómo afecta a ese medio ambiente que se fragiliza, pierde capacidades, y se fragmenta, la introducción de una red ciclista que lo conecte y haga accesible?.
Esta revitalizada infraestructura tiene por un lado un impacto ambiental, tanto por su construcción como por su uso, y supone por otro un estímulo al contacto directo entre las personas y el medio natural. Entonces. ¿Cuál es el balance neto?
En primer lugar hemos de considerar con calma el impacto ambiental de todas nuestras actuaciones y hemos de incorporar técnicas y soluciones que faciliten la reducción de impactos de todas ellas. De esto ya os hablamos en una entrada anterior del Blog
Estudios y recomendaciones existentes nos invitan a elegir las soluciones constructivas más saludables para el medio, y a hacerlo sin prejuicios ni falsas valoraciones benevolentes. En concreto se recomendaba adoptar pavimentación asfáltica coloreada que por su duración y robustez mejora sobremanera los impactos de la construcción.
Asimismo, la creciente preocupación por controlar el impacto del uso de las vías se ha manifestado en una preocupación por la señalización, advertencia y difusión de precauciones y en normativas mas estrictas de diseño.
Traemos a colación a modo de ejemplo las recomendaciones de diseño para las vías negras, en las que se hace hincapié en moderar nuestras exigencias de iluminación para preservar el funcionamiento de los ecosistemas. Se trata de no alterar el ciclo diario de las especies, su orientación y su actividad.

Sin embargo, nos queda una cuestión a discutir. Las vías ciclistas tienen una larga relación con los espacios naturales y paisajísticos de valor. Una vía ciclista, sea cual sea su propósito, mejora su experiencia de uso cuando transcurre por espacios “naturales”, de valor ecológico o paisajístico. Un recorrido alternativo al coche puede insertarse mejor en el territorio permitiendo mejoras en movilidad sin destruir un entorno natural, el disfrute y el relax que proporciona es una de la fuentes de valor en la elección del usuario. Pero en el caso del ciclismo recreativo, es precisamente esa interacción con el medio la causa del mismo, su fuente de valor y su atractivo. Todo ello demuestra que un medio ambiente de calidad es bueno para el ciclismo, pero ¿podemos sostener lo contrario?. Nos encantaría poder demostrar que la actividad ciclista es buena para el medio ambiente, pero creemos necesario argumentarlo mas allá de una mera intuición.
En ese sentido, es relevante que replanteemos algunas ideas: los entornos naturales y paisajísticos de valor son un elemento atractor de las personas. Eso es un hecho, controlar el impacto de esta atracción y regular las consecuencias es una componente esencial de la gestión y protección ambiental. Todos hemos asistido estupefactos a la invasión con vehículos de espacios de alto valor potencial que es el origen de su degradación y pérdida de valor. En ese contexto facilitar una vía de acceso ciclista ordenada, con uso e impacto controlado puede ser un instrumento de mejora y protección. Por supuesto, inserta en una gestión ordenada y rigurosa del medio, y evidentemente dejando de lado, por inviables, las medidas de restricción estricta que la sociedad no soporta.
Mas aún, la flexibilidad y facilidad para la inserción territorial de las medidas permite una explotación de los recursos de baja densidad. Haciendo mas tupida la red contribuimos a reducir la atracción hacia los elementos nodales que concentran la presencia humana y los agotan por saturación. La era del turismo masivo nos ha dejado experiencias claras a ese respecto. Por supuesto todo ello ha de abordarse atendiendo a los requisitos de calidad y protección que a veces dejamos de lado en medios deteriorados, pero que resultan críticos en el medio natural. Aspectos como la interrupción del sistema hídrico, el mantenimiento frecuente, y la compactación del suelo por el uso son factores esenciales a considerar si estamos atendiendo a los usuarios en estos entornos tan delicados.
Las recientes experiencias en el entorno del túnel de la engaña por el gobierno regional de Cantabria son un claro ejemplo. La instalación de un polo de atracción masiva destruye la experiencia de usuario. Aumentar la escala reduce el valor de la experiencia individual. Lo tenemos muy claro cuando viajamos y nos decepcionan los sitios, pero seguimos luchando con las mismas estrategias que ya muestran sus límites.

Pero además, hemos de considerar el impacto social y pedagógico que tiene la interacción entre el usuario y el medio ambiente, la sensibilización hacia los problemas de un ecosistema en peligro es uno de los pasos iniciales para forzar la adopción de medidas correctoras que a menudo se quedan en el tintero por su incapacidad de acceder a la agenda de las necesidades de la sociedad. Asimismo, la posibilidad de activar procesos de voluntariado, o la contribución altruista requieren claramente de un conocimiento de la situación que solo se puede conseguir a través del contacto con las personas. El poder movilizador y educativo de la bicicleta merece una consideración.

Ya describimos con cierta envidia en otra entrada como el caso del Cinturón Verde de Atlanta activó al voluntariado social, que se lanzó a la recuperación de suelos y ecosistemas por parte de la llamada sociedad civil. El corredor verde se puede constituir en un disparador de proyectos posteriores que adquieren su personalidad y acumulan efectos positivos sobre el medio.
Y mas aun, la posibilidad de que esas potenciales mejoras sirvan para realimentar el valor de la experiencia de los usuarios puede ser una nueva fuente de interés, un programa de regeneración de humedales, o de eliminación de especies invasoras, por ejemplo puede acabar sustanciando un recorrido de observación de especies en peligro constatando los resultados obtenidos a modo de rendición de cuentas sociales. Esta posibilidad es un nuevo refuerzo a la continuidad de actuaciones que si son de poca visibilidad tienden a decaer y ser olvidadas. La era del turismo activo hace tiempo que ha abierto este sector y la bicicleta puede ser una actividad clave para su sostenimiento.
No podemos dejar de recordar en este punto que el efecto de realimentación que los caminos ciclistas tienen también se produce hacia la valoración del patrimonio en general. Al hacerse accesible el territorio, el usuario toma conciencia de lo que representa el patrimonio histórico y de la importancia de cuidarlo y ponerlo en valor, toma contacto con partes de la sociedad que les son ajenas y que conoce al recorrer el entorno, aprendiendo a valorarlo… al dejar de ser desconocidos nos acercamos mas al mundo. Cierto es que crear la oportunidad no es garantizar el éxito pero es un paso mas

Por otro lado hay una asignatura pendiente que es el cultivo de las sinergias entre nuestras actuaciones y sus requisitos y la contribución al medio local. Os presentamos en una entrada anterior las propuestas de una ONG denominada Land Life.
Esta entidad se planteaba que el desarrollo de una vía ciclista y peatonal en el Camino del Cid mejoraba sobremanera si se aprovechaba la necesidad de dotar al usuario de una cobertura de árboles para varias funciones. Al mismo tiempo que se que facilita la adaptación a condiciones extremas que convierte al itinerario en imposible, se proponía plantear ese eje como un núcleo de reforestación y fijación de CO2, protección del suelo y corredor ecológico para proteger la fauna.
Este enfoque se integra en una aproximación mucho más ambiciosa, bajo la denominación Greenways, (caminos verdes) se plantea desde los años 80 del siglo pasado la necesidad de cohesionar ecosistemas fuertemente fragmentados por la acción humana a través de los llamados corredores verdes.

Con este propósito se proponía convertir los caminos rurales en instrumentos de protección de la biodiversidad, de los humedales, de las especies autóctonas etc. Ello como hemos descrito más arriba implicaba integrar en los proyectos los condicionantes ambientales, elegir las soluciones técnicas con criterios integradores y desde luego asumir que la inversión a realizar sirve a propósitos que van mas allá de lo meramente recreativo, que no es poco¡¡¡¡

