Entre las lecturas que hemos tenido a mano durante el verano, hemos podido leer varios artículos que hacían hincapié en cómo hablamos de los accidentes. Nos llamó mucho la atención por dos motivos. Por un lado como ya os hemos comentado, la expansión de la red ciclista en Santander con la esperada expansión del tráfico ciclista elevará sin duda el número de accidentes, y por otro, y esto es lo llamativo, la forma en que nuestra sociedad perciba y “narre” esos accidentes generará un marco de referencia que condicionará los debates futuros.
En principio el tema nos pareció una boutade, pero cuando revisamos unos cuantos artículos científicos empezó a parecer bastante más serio. Encontramos varios trabajos en que diversos investigadores recopilaban titulares sobre como distintas sociedades referían las experiencias. Encontramos estudios sobre Suiza, Gran Bretaña, Hawai, Alemania, EEUU e incluso en Holanda. Es pues un problema identificado en general en nuestras sociedades, no parece depender de la intensidad de uso de la bicicleta y son trabajos relativamente modernos (menos de 10 años)
Tras una lectura amplia hemos podido concluir una serie de regularidades. En primer lugar, la accidentabilidad en el tráfico se ceba intensamente con los vulnerables, los peatones y los ciclistas, las evidencias son inapelables pero las narrativas oscurecen que elaboramos oscurecen el fenómeno. En UK el 6% de los accidentados están en esa categoría, cuando representan en 2% del total de desplazamientos. Y ¿como se presentan estos hechos? pues como simples casos aislados, lo que se denomina tratamiento episódico, no se enfoca a la dimensión del problema global sino al episodio.
En segundo lugar, en la narrativa se describen en detalle las actuaciones del ciclista. No se describe con la misma intensidad las actuaciones del conductor, con ello implícitamente se esta construyendo una explicación a partir de los datos relevantes aportados que ya sabemos por donde va. El siguiente caso es juzgar, ya os aportamos un ejemplo en una entrada del blog.
En tercer lugar resulta relevante revisar qué agentes aparecen citados en la noticia, aquí mayoritariamente se cita al ciclista que ha sido atropellado, y rara vez se describe el accidente como “un conductor atropella a un ciclista”, sino como “un ciclista es atropellado”, o “un ciclista sufre un accidente” los agentes que no se citan en el discurso parecen no haber participado. Y lo que es mas interesante, los ciclistas sufren accidentes, es el resultado de una fatalidad inexorable, al elegir entre accidentes humanos, caídas fortuitas, accidentes por el mal estado de la vía y atropellos causados por terceros, se elige siempre la primera alternativa.

En cuarto lugar se elige con mucha frecuencia la voz pasiva, el ciclista es herido o muerto tras ser atropellado por un vehículo. La causalidad queda matizada, porque en primer lugar se presenta un sujeto principal, después una consecuencia, para a continuación presentar el mecanismo, y solo al final introducir al elemento activo del evento, el conductor que provocó el accidente. Y mas aún si presentamos el hecho como “un ciclista muere atropellado”, el autor del atropello se escabulle tras las palabras y ni siquiera se le ve señalado.
Asimismo se habla de la valoración implícita de las responsabilidades en el discurso, lo que se describe como responsabilizar a la víctima, si sus circunstancias, exposición al tráfico, nocturnidad, ausencia de casco, etc son descritos en detalle, se ha dibujado una flecha acusatoria sobre el intruso irresponsable. Esto es a menudo descrito como motonormatividad. La presencia del automóvil se da por hecho, es legítima, y sus consecuencias se asumen, la presencia del ciclista por el contrario requiere explicación, y es siempre cuestionable. No está en su sitio y claro, eso trae consecuencias.
La verdad es que son temas inquietantes, porque le hacen a uno dudar de sí mismo, acabas o midiendo tus palabras o adoptando tono acusatorio, que provoca reacciones inesperadas. Sin embargo, creemos importante reflexionar en frio porque, insistimos, habrá más accidentes en un futuro próximo que provocarán reacciones y debates públicos, y debemos aprender a tratar los problemas de forma rigurosa y honesta. No se trata de imponer un lenguaje políticamente correcto, el lenguaje es un patrimonio de las personas y no cabe imponer restricciones, pero sí debemos de aprender a evitar que se inserten inadvertidamente juicios en el debate social que nos condicionan. A menudo, de forma inadvertida, caemos en la trampa y fallamos el tiro y eso es por culpa nuestra.

