El sábado 28 tuvimos la primera salida de la temporada del proyecto Ingebike. Arriesgada a la vista de las condiciones atmosféricas de esta invierno, pero hubo suerte. Como sabéis, el lema de Ingebike es “La ingeniería que no se ve”. En este caso, la salida tenía como hilo temático el Saneamiento como elemento básico de nuestra sociedad. Una de esas funciones que nos permite vivir juntos a 300,000 personas en un espacio que a veces llamamos cuenca o valle y otras veces bahía.
El primer componente de nuestro aprendizaje del día fue por tanto la ingeniería de saneamiento. Un elemento que es vital para la preservación de nuestro medio ambiente, pero que tiene la desgracia de estar bajo nuestros pies. El hecho de que nuestras aguas residuales se muevan por gravedad, hace que se tengan que pegar a un terreno irregular y que nuestro sistema y nuestro territorio estén plagados de instalaciones de bombeo, que apartan los residuos de sus puntos de generación para su tratamiento y vertido controlado. Es un elemento esencial para nuestra convivencia, que requiere un suministro energético continuado y planes de contingencia para atender los picos de demanda y las averías, asimismo tiene afecciones localizadas olores etc . . . que afectan a los residentes de las zonas donde se ubican estas instalaciones, conseguir hacerlos imperceptibles es otro reto de la ingeniería. Estos bombeos, pueden tener distintos tamaños, como el del parque de Las Llamas, que junto a los columpios mantiene una buena convivencia con los usos recreativos, pero especialmente el de la Cántara que situado junto en la proximidades de Nueva Montaña, es el garante último de la limpieza de la Bahía, pues recibe y eleva hasta la depuradora de San Román, en una actividad continua, todos los residuos que en otro caso caerían sobre la Bahía y la convertirían en una cloaca.
Otro elemento esencial que se presentó fueron los tanques de tormentas, depósitos esenciales para adaptar un sistema diseñado con una capacidad de operación a una presión por definición variable. Recientemente se presentó en prensa el caso del estanque de Arroyofresno en Madrid, que está situado en el Club de Campo, y tiene unos 35.000 metros cuadrados de superficie y 22 metros de profundidad (como un edificio de 6 plantas), almacenando 400.000 metros cúbicos de agua. En Santander tenemos un gran depósito (176 m3) entre El Casino y el restaurante Rhin y otro frente al Club marítimo.

Estos sistemas garantizan la laminación de las avenidas de agua y la dilución de las aguas residuales en presencia de fuertes aguaceros, llegando eventualmente a derivar directamente al mar los vertidos si por su concentración no requieren tratamiento. En régimen ordinario garantizan que un bombeo trasiegue cantidades irregulares de agua con un régimen continuo.
El sistema de saneamiento se completa con colectores de intercepción que recogen todos los vertidos al mar con los que históricamente convivíamos y concentrarlos en las instalaciones de depuración.
Todas estas cuestiones se fueron presentando en nuestras paradas por los profesores de la Escuela de Caminos Amaya Lobo y Ruben Díez Montero, y por Alvaro Budiño, proyectista del tanque de tormentas de El Sardinero.
Y os preguntareis, ¿y esto que tiene que ver con la bicicleta?, pues creemos que mucho, no podemos comprender una sociedad sin conocer el territorio en el que se implanta, y damos por hecha la distribución de usos y servicios, e ignoramos los condicionantes que la topografía, la hidrología y la geología nos imponen, y eso solo se percibe con recorridos pegados al terreno, subiendo y bajando cuestas, cruzando túneles, es decir recorriendo despacio el territorio y no volando de punto a punto ignorando distancias, formas y elementos intermedios.
Continuando con la visita nos llegamos a la Estación de Tratamiento de Aguas Residuales de San Román que desgraciadamente no pudimos visitar, pero donde aprendimos de su funcionamiento, tecnologías e historia. Allí de nuevo nuestros tecnólogos nos dieron una lección magistral de tecnología sanitaria y nos hicieron conscientes de la inestabilidad y de los riesgos de nuestra sociedad. Problemas que no podemos eliminar, aunque si mitigar, nosotros reduciendo la peligrosidad de nuestros vertidos, y la administración mejorando contínuamente los equipamientos y tecnologías y la gestión sostenible que pone a nuestra disposición.
Finalmente, presentamos el propósito del sistema de recoger vertidos altamente contaminantes, distribuidos en el espacio e irregulares en el tiempo, y transformarlos en vertidos concentrados en el espacio, continuos en el tiempo y con un nivel de contaminación tolerable para el medio local receptor.
Del análisis del sistema concluimos ideas de fondo que constituyen el auténtico producto de Ingebike.
- La necesidad de adaptarnos continuamente a los problemas emergentes, microplásticos, o metales pesados, para los que aun no tenemos tecnologías perfectas y estamos en continuo proceso de mejora, a través de las nuevas normativas que se generan para inducir estas mejoras.
- La necesidad de encontrar espacios para la localización de estas instalaciones, en zonas cercanas a la ciudad, con poca población y espacio de reserva para crecer.
- La comprensión de que antes de llegar a instalarnos en una zona residencial, todo este sistema ha de estar en condiciones de recibir los residuos, trasegarlos y tratarlos, sin ello no se pueden plantear desarrollos urbanísticos. Y esto lleva mucho tiempo y muchos recursos.
- La visita nos dejo con una pregunta en la boca, ¿Esto, como se paga?, remedando a Josep Pla a la vista de la noche de NY. Pues bien estos costes se soportan de tres formas, con nuestros recibos de saneamiento, donde la administración nos cobra periódicamente según el consumo de agua los servicios recibidos, con las licencias de urbanización, y con nuestros impuestos directos, renta, iva, IBI… etc que en parte son dedicados a la construcción de infraestructuras, y, no lo olvidemos, transfiriendo a los ciudadanos parte de las consecuencias, olores y molestias eventuales, vertidos de emergencia que nos interrumpen la vida diaria, y con un impacto potencial sobre el valor económico de las zonas elegidas para colocar las grandes instalaciones.
- Pudimos ademas realizar la transición entre nuestros núcleos urbanos, con pavimento, iluminación y densidad de actividades y servicios, hasta las zonas de borde, con comunicaciones y servicios bastante menores. Recorriendo el mismo camino que el agua residual recorre, aprendimos a adquirir una visión integrada de nuestra sociedad. El camino desde San Román hasta Valdenoja resultó un ejercicio interesante, es una zona de borde y al recorrerla vas asistiendo al nacimiento de los elementos urbanos y contemplando diversos estadíos del proceso de urbanización, desde lo histórico prácticamente rural hasta las avenidas pobladas y dotadas de servicios.
Y finalmente de nuevo a nuestra visión inicial, aprendimos a recorrer la ciudad en bicicleta, con sus carriles de calidad diversa, con su mallado aun incompleto, pero con una ciclabilidad creciente. Pudimos usar lo que tenemos, percibir lo que nos falta y así podremos valorar esperanzados las cosas que nos llegan.

